TABLERO SYMPHONIA: UN TESTIMONIO SOBRE EL PODER DE LA VOZ EN LOS TALLERES SOYCOMOTÚ
Pepi Fernández, participante del taller de radio y podcast SOYCOMOTÚ en Caravaca de la Cruz, nos regala una preciosa reflexión en primera persona sobre el poder de la voz:
Dicen que la filosofía es el arte de cerrar los ojos para ver mejor, pero yo he descubierto que, a veces, basta con cerrarlos frente a un micrófono para empezar a escucharnos de verdad.
Llevo unas semanas yendo a clases de radio en Caravaca de la Cruz. Sobre el papel, podría parecer un plan humilde, casi rutinario: cables, auriculares que aprietan un poco y un guion estándar. Pero la realidad es que ponerse frente a un micro es un acto de valentía técnica y emocional que pocos se atreven a ejecutar. Vivimos en la era de la imagen, donde filtramos hasta la mirada, pero la voz… la voz no miente. En directo, con tus debilidades y tus fortalezas aflorando en cada frase o en cada silencio, aquí no hay Photoshop que valga.
Lo mágico de estas clases no es aprender a subir un potenciómetro, sino descubrir que, cuando te rodeas de micros, las posiciones desaparecen. No hay jerarquías entre cables. Allí somos un grupo de personas con una capacidad de escucha que ya quisieran para sí muchos profesionales de academia.
En esa sala, el aire pesa menos. Fluimos con una perspicacia que solo concede la pureza de no querer demostrar nada. Hemos pasado demasiado tiempo herméticos, guardando nuestras “rarezas” bajo llave, y de pronto la radio nos regala un portal. Proyectar la voz es, en el fondo, proyectar el alma sin el peaje de los prejuicios.
“La radio no es solo hablar; es el ancla de respeto que lanzamos al aire para que alguien, al otro lado, se sienta menos solo.”
Lo que más me vuela la cabeza es darnos cuenta de que nuestras vivencias y conocimientos, esos que creíamos pequeños o aburridos, se convierten en dones cuando se comparten. Hacemos reír, hacemos reflexionar y, sobre todo, nos equilibramos. Este crecimiento es puro instinto: una evolución sin pretensiones, donde el micrófono no busca fabricar estrellas, sino rescatar nuestra esencia más cruda. Alrededor de la mesa, la mirada limpia transforma al compañero en un espejo, permitiéndonos hablar desde la vulnerabilidad y entendiendo, por fin, que son nuestras benditas rarezas las que realmente nos conectan con el mundo.
A veces pensamos que solo estamos en una sala tranquila conversando, pero sin querer, estamos amplificando nuestra vida. Estamos capturando al aire esas “perlitas” semanales que le dan sentido a todo.
Llegué a estas clases casi por inercia, con esa curiosidad académica de quien quiere tachar una casilla más en su lista de aprendizajes y sumar una nueva rama de la comunicación a la mochila… pero estoy reconociendo y descifrando las teclas mágicas que abren el corazón y la mente. Porque al final, la salud mental también es esto: encontrar un lugar donde tu voz no solo suena, sino que pueda resonar en el de enfrente. Qué bonito es coincidir, y qué alivio saber que, aunque no lo sepamos todo, tenemos un micro abierto para seguir preguntando.
En Caravaca de la Cruz, a 28 de Abril de 2026
Antonio José, monitor del taller de radio y podcast y coordinador de Radio Empatía junto a participantes de Caravaca
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