Por Ana Isabel Montalbán, psicóloga y activista en Fundación SOYCOMOTÚ
La violencia en la pareja es un problema social y de salud pública que afecta a personas de todos los géneros. Sin embargo, cuando los hombres son víctimas de maltrato por parte de la mujer, suelen enfrentar un estigma particular que dificulta el reconocimiento de su situación, la búsqueda de ayuda y el acceso a recursos de apoyo. Esta violencia está fuertemente invisibilizada, no porque no ocurra, sino por el estigma social asociado a ella, porque choca con estereotipos muy arraigados, normas y roles de género tradicionales que asocian la masculinidad con fortaleza, control y autosuficiencia. Se espera que el hombre sea fuerte, dominante y capaz de “defenderse”. Si es víctima, se le percibe como débil o “menos hombre”. Asimismo, se produce una normalización de ciertas conductas de las mujeres, como las agresiones psicológicas, el control, humillaciones o incluso golpes “leves” que se toman a broma cuando éstos son ejercidos por ellas.
Los hombres también pueden ser víctimas de violencia psicológica, física y sexual en las relaciones de pareja. No obstante, estos casos tienden a estar menos visibilizados y subregistrados. De hecho, la violencia psicológica, como humillaciones, amenazas, control o manipulación emocional, es una de las formas más frecuentes de maltrato hacia los hombres, aunque sea minimizada socialmente. Como consecuencia, muchos hombres optan por el silencio, lo que perpetúa el aislamiento y agrava el impacto emocional del maltrato.
Barreras para la denuncia y la búsqueda de ayuda
Muchos hombres no denuncian a sus parejas por el miedo al ridículo o a no ser creídos porque anticipan burla, incredulidad o incluso culpabilización por parte de la sociedad y de los cuerpos y fuerzas de seguridad, en particular. De este modo, el estigma social se traduce en múltiples obstáculos para que los hombres víctimas de violencia busquen apoyo. Entre las principales barreras se encuentran:
- Falta de recursos especializados dirigidos a hombres.
- Temor al ridículo o a la incredulidad por parte de su entorno o de las instituciones.
- Escasa representación en campañas de sensibilización, que suelen centrarse exclusivamente en mujeres víctimas.
Estas barreras contribuyen a una menor denuncia y a la invisibilización del problema en políticas públicas y sistemas de atención.
El maltrato en la pareja puede tener graves consecuencias en la salud mental de los hombres, como ansiedad, depresión, baja autoestima y dificultades para establecer relaciones futuras. El estigma agrava estas consecuencias al impedir que la víctima valide su experiencia y acceda a apoyo emocional o profesional.
Reconocer que los hombres también pueden ser víctimas de maltrato no implica restar importancia a la violencia ejercida contra las mujeres, sino avanzar hacia una comprensión más amplia e inclusiva del fenómeno. Es fundamental cuestionar los estereotipos de género, promover la educación emocional y garantizar recursos accesibles para todas las víctimas, independientemente de su género.
La estigmatización de los hombres víctimas de maltrato en la relación de pareja constituye un obstáculo significativo para su bienestar y para la erradicación de la violencia. Visibilizar esta realidad, desde una perspectiva crítica y basada en la igualdad, es un paso necesario para fomentar relaciones saludables y sistemas de apoyo más justos y eficaces.

