Por Ana Isabel Montalbán, psicóloga y activista en Fundación SOYCOMOTÚ
Llega el mes de febrero y la celebración San Valentín, el del día de los enamorados. Una fecha en la que pensamos que es importante recordar que hay ciertos mitos del amor romántico que llevan a relaciones tóxicas y, por tanto, es prioritario poder deconstruirlos y sustituir por otras ideas más adecuadas y saludables.
Los mitos del amor romántico son creencias culturales muy extendidas sobre cómo tienen que ser el amor y las relaciones de pareja. Suelen disfrazarse como ideales positivos, pero realmente esconden expectativas irreales y justifican relaciones poco sanas, desiguales o dañinas. Creer en los mitos del amor romántico puede parecer inofensivo, pero conlleva riesgos emocionales, sociales y psicológicos, especialmente en las relaciones de pareja.
Estos son algunos de los principales mitos del amor romántico:
- “La media naranja”.
Afirma que existe una persona predestinada para cada quién y que sin ella no se está completo. Esto fomenta la dependencia emocional y el miedo a la soledad. Además, se espera que la otra persona sea perfecta o “la media naranja”, lo que genera frustración cuando aparecen errores o conflictos. Ejemplo: Alguien cree que no puede terminar una relación en la que no se siente satisfecho o valorado porque piensa que nunca encontrará a otra persona igual.
- “El amor lo puede todo”.
Este mito sostiene que, si hay amor verdadero, si una pareja se ama de verdad, cualquier problema se puede superar solo con amor, sin necesidad de cambios, diálogo o límites. Ejemplo: una persona que aguanta constantes discusiones o faltas de respeto pensando que con el tiempo cambiará, porque le ama.
- “El amor verdadero es para siempre”.
Plantea que una relación debe durar toda la vida, aunque no sea sana. Puede dificultar la decisión de terminar una relación que ya no funciona. Ejemplo: Una pareja sigue junta, aunque ya no haya respeto ni felicidad, porque piensa que terminar sería un fracaso.
- “Los celos son una prueba de amor”.
Interpreta los celos como una señal de interés o cariño, cuando en realidad suelen estar relacionados con el deseo de control y la inseguridad. Ejemplo: Una persona revisa el móvil de su pareja y le dice que lo hace porque le quiere.
- “El amor requiere sacrificios”.
Se piensa que amar implica renunciar a necesidades, amistades o proyectos personales, lo que puede contribuir al desarrollo de relaciones desiguales. Ejemplo: Una persona deja de salir con sus amistades porque a su pareja no le agradan.
- “La pareja es todo lo que necesitas”.
Se cree que la pareja debe cubrir todas las necesidades emocionales, sociales y afectivas, lo que puede limitar la autonomía personal. Ejemplo: Una persona se aleja de su familia y amistades porque considera que solo necesita a su pareja.
- “El amor implica sufrimiento”.
Se normaliza el dolor, los conflictos constantes o el malestar emocional como partes inevitables del amor. Ejemplo: Alguien que piensa que, si duele, es porque es amor de verdad y justifica sentirse triste o ansioso en la relación.
Es importante cuestionar estos mitos porque influyen en cómo se viven las relaciones y pueden favorecer la normalización de conductas de control y dependencia, así como la tolerancia a conductas dañinas o la violencia. Cuestionarlos permite construir relaciones más sanas, basadas en el respeto, la igualdad, la comunicación y la autonomía.
La aceptación de estos mitos como realidades se vincula a consecuencias como la dependencia emocional, que puede llevar a la anulación de las propias necesidades y la propia identidad, la normalización del sufrimiento justificando los celos, el control o la manipulación, el miedo a la soledad llevando al mantenimiento de relaciones insanas por temor a estar solo, las desigualdades en la relación, la dificultad para resolver conflictos y expectativas irreales sobre la felicidad.
Hablemos más en profundidad del riesgo de creer en algunos de estos mitos.
Empecemos por el mito de la media naranja. Al concebir a las personas como seres incompletos, genera expectativas poco realistas sobre la pareja, pues se asume que esa persona debe ser perfecta para nosotros, con el riesgo que supone de decepción o enfado si nuestras demandas no son satisfechas. Asimismo, nuestro autoconcepto y autoestima pueden verse comprometidos si vemos que no llegamos al estándar idealizado que tenemos en mente.
La idea de que alguien nos completa puede generar vínculos de dependencia, donde el bienestar propio queda atado a la otra persona. También puede aumentar la tolerancia a relaciones dañinas, justificando el maltrato o el control por miedo a perder a la única persona que nos completa.
El mito de los celos, por su parte, trata de justificar que sentir celos intensos o ser controlador es señal de pasión o amor profundo. Uno de los riesgos de esta creencia es tolerar conductas como las de control sobre la pareja, aislándola de su entorno. Su contraparte es que un miembro de la pareja puede tratar de poner celoso al otro como “señal de amor”.
En cuanto a pensar que la pareja lo es todo, esto lleva a esperar que la pareja satisfaga todas las necesidades emocionales y relacionales, lo que es imposible y genera frustración, culpa o reproches.
Por su parte, pensar que amar implica renunciar a necesidades, amistades o proyectos personales tiene el riesgo de normalizar conductas de violencia, ya sean explícitas o implícitas, como la manipulación emocional, la culpa o la desvalorización de los deseos de la otra persona.
Esa creencia es problemática porque confunde el amor con el sacrificio unilateral y abre la puerta a justificar dinámicas dañinas como, por ejemplo, normalizar el control (si me ama, debería dejar de hacer eso), justificar el aislamiento de redes de apoyo, una forma común de violencia psicológica, o minimizar la propia autonomía, haciendo que el malestar se viva como algo normal o necesario.
El amor sano no exige desaparecer, al contrario, favorece el crecimiento mutuo, el respeto por los límites y la convivencia de proyectos personales. Pueden existir renuncias en toda relación, pero deben ser negociadas, recíprocas y libres, nunca impuestas ni sostenidas por miedo, culpa u obligación.
En síntesis, cuando el amor se define desde la pérdida de uno mismo, deja de ser cuidado y puede convertirse en una forma de violencia normalizada. Promover un amor basado en el respeto, la comunicación, la resolución de conflictos y la autonomía es la clave para unas relaciones más satisfactorias.

