JÓVENES QUE SUMAN: Crear vínculos también es salud mental

¿Te has sentido solo/a rodeado/a de gente?
En los últimos años, la soledad no deseada se ha convertido en una de las realidades más invisibles y, al mismo tiempo, más extendidas entre la población joven. No siempre se verbaliza, no siempre se reconoce, pero está presente. Se cuela en conversaciones superficiales, en planes que no terminan de llenar, en la sensación persistente de estar rodeado de gente y, aun así, sentirse solo.
En una sociedad donde las conexiones parecen inmediatas y constantes, hablar de soledad puede resultar contradictorio. Sin embargo, cada vez más jóvenes expresan dificultades para generar vínculos profundos, estables y significativos. Relaciones que vayan más allá de lo puntual, de lo circunstancial. Relaciones donde poder mostrarse tal y como uno es, sin miedo a ser juzgado.
Esta desconexión emocional no es un fenómeno menor. Diversos estudios señalan que la calidad de las relaciones interpersonales está directamente relacionada con el bienestar psicológico. Sentirse acompañado, formar parte de un grupo o contar con una red de apoyo no solo mejora el estado de ánimo, sino que actúa como un factor protector frente a problemas de salud mental.
¿Y si el voluntariado fuera una excusa para conectar?
Ante esta realidad, comienzan a surgir iniciativas que, lejos de centrarse únicamente en la intervención clínica, ponen el foco en lo relacional, en lo comunitario, en lo cotidiano. Propuestas que entienden que generar espacios de encuentro también es una forma de prevención. En este contexto nace “Jóvenes que suman”, un proyecto dirigido a jóvenes de entre 18 y 30 años de edad y que surge de la escucha de sus necesidades. Un proyecto impulsado por Fundación SOYCOMOTÚ que propone una forma diferente de entender el voluntariado y, sobre todo, de entender las relaciones.
Fundación SOYCOMOTÚ, como entidad, que trabaja desde hace más de una década en el ámbito de la salud mental comunitaria, la inclusión social y la lucha contra el estigma, parte de una idea clara: la salud mental no se construye solo desde lo individual, sino también desde el entorno, desde las oportunidades de participación y desde la calidad de los vínculos que establecemos. Lejos de modelos asistencialistas, la Fundación apuesta por generar espacios donde las personas puedan encontrarse desde la igualdad. Espacios donde no existan jerarquías rígidas entre quien “ayuda” y quien “recibe ayuda”, sino relaciones horizontales basadas en el respeto, la escucha y el apoyo mutuo.
Los valores que guían nuestro trabajo, como la inclusión, la diversidad, la participación activa, la autonomía personal y la construcción de comunidad, se materializan en proyectos que buscan algo más que intervenir: buscan transformar. Transformar la forma en la que entendemos la salud mental, la forma en la que nos relacionamos y la forma en la que convivimos con la diferencia. “Jóvenes que suman” es un reflejo directo de esta filosofía.
El proyecto parte de una premisa sencilla pero poderosa: muchas veces, lo que una persona necesita no es tanto una intervención estructurada como un espacio donde poder conectar con otros. Un lugar donde sentirse parte de algo. Para ello, el programa utiliza el voluntariado como punto de encuentro. No como una obligación ni como una tarea que cumplir, sino como una excusa para compartir experiencias. A través de actividades diversas los jóvenes participan en dinámicas que favorecen el contacto, la cooperación y el conocimiento mutuo.

¿Cómo se construye la confianza?
La clave está en que el vínculo no se fuerza. No hay presión por encajar, por hacer amigos rápidamente o por cumplir determinadas expectativas sociales. Las relaciones se construyen poco a poco, desde lo cotidiano, desde la repetición de encuentros, desde los pequeños momentos compartidos. Preparar juntos una actividad, comentar cómo ha ido el día, reírse durante una salida o simplemente estar en silencio en un espacio seguro son experiencias que, acumuladas, generan algo más profundo: confianza. Y es en esa confianza donde empiezan a surgir relaciones más auténticas.
¿Qué tiene de especial este espacio?
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es su carácter inclusivo. En “Jóvenes que suman” participan personas con y sin experiencias relacionadas con problemas de salud mental. Esta diversidad, lejos de ser una barrera, se convierte en una fortaleza. Permite generar espacios donde las diferencias se normalizan y donde las historias personales se comparten desde la empatía, no desde el juicio. En este contexto, las etiquetas pierden protagonismo. Lo importante no es el diagnóstico, sino la persona. Sus intereses, sus inquietudes, su forma de estar en el mundo.
Esta forma de relacionarse no solo beneficia a quienes participan directamente en el proyecto, sino que contribuye a cambiar la mirada social sobre la salud mental. Al generar espacios compartidos, visibles y normalizados, se rompe el estigma desde la experiencia. Se demuestra, en la práctica, que la convivencia es posible, enriquecedora y necesaria.
Pero, más allá del impacto social, hay algo que destaca especialmente en iniciativas como esta: su capacidad para generar pertenencia. Sentirse parte de un grupo, saber que hay un lugar al que acudir, tener personas con las que contar… son elementos que, aunque puedan parecer sencillos, tienen un efecto profundo en el bienestar emocional. En muchas ocasiones, son precisamente estos factores los que marcan la diferencia entre sentirse aislado o sentirse acompañado. No se trata de grandes cambios inmediatos, sino de pequeños avances sostenidos en el tiempo. De pasar de no tener planes a tener un lugar al que ir. De no conocer a nadie a empezar a reconocer caras, nombres, historias. De sentirse fuera a empezar, poco a poco, a sentirse dentro.
En un momento en el que la salud mental ocupa cada vez más espacio en el debate público, resulta fundamental ampliar la mirada. Entender que, además de los recursos clínicos y terapéuticos, existen otras formas de cuidado que pasan por lo comunitario, por lo relacional y por lo cotidiano. Proyectos como “Jóvenes que suman” recuerdan que cuidar la salud mental también implica crear oportunidades para el encuentro, para la participación y para la construcción de vínculos significativos. Porque, en el fondo, todos necesitamos lo mismo: sentirnos vistos, escuchados y acompañados.
Ana Zamora Montejano, Coordinadora del Programa de Voluntariado Inclusivo en Fundación SOYCOMOTÚ
Nuestro primer encuentro será el próximo sábado día 9 de mayo. Si quieres participar en este proyecto puedes escribirnos a info@fundacionsoycomotu.org o al wasap 682170282

